Bien ve ni dooooooooooossssssssssssss

Bienvenidos a mi blog a todos aquellos que anhelaron con impaciencia leerme alguna vez, seguir leyéndome si ya lo hicieron antes, ver alguna de las fotos que hago o deshago, alguno de mis dibujos o piruetas mentales (yo les llamaría "derrames"), mis pinturas al óleo, acuarelas, pasteles (uhmmm rico rico) cabroncillos, digo, carboncillos, experimentos digitales, caricaturas retratos o monstruosidades (que las habrá, no digo que no) que salgan de mi perola a través de mis manos, con la ayuda de mis ojos y a pesar de mi capacidad de raciocinio. Y, como dice una de mis numerosas sobrinas, todo esto será... pooooooooco a pooooooooooco jajuja. Por cierto, todas las imágenes y los textos de mi blog son de mi única y absoluta autoría (cuando no lo sea aviso)... y para disfrute de quien sepa apreciarlo :-D

lunes, 19 de marzo de 2012

El hombre que espera

Un hombre está de pié, rígido en la orilla de la playa, en plena noche, mientras observa a lo lejos cómo arde la ciudad. Alrededor de él, un espacio desolado, con restos abandonados en la arena, quizás de barcas desvencijadas. Las gaviotas se desplazan contra su voluntad movidas por una amenaza que no comprenden. El ambiente es pesado, agobiante.


Mantiene las manos en los bolsillos de su gabardina. Se inclina un poco hacia adelante, como si acabara de observar algo en la distancia que le interesa. Sigue expectante, en silencio. No hay nadie a su lado con quien compartir su preocupación. Pero no importa. Las llamas lejanas revolotean en sus pupilas y le hacen ver fantasmas creándose y destruyéndose en su alocado ascenso hacia el cielo. Una repentina brisa le mete el frio por el cuello de la camisa y le sacude el cuerpo, que tiembla como una rama mojada en un ciclón. Y de nuevo la calma. Parece vencido, y hace un gesto de retorno. Gira la cara. El dolor araña su frente y hunde la mirada en la arena. De repente un chisporreteo lejano le devuelve al hueco creado por la larga espera (hueco en el espacio, hueco en el tiempo). Las gaviotas graznan riéndose de él, las costillas roídas de las barcas muertas parecen grandes bocas que amenazan con devorarle vivo. O casi.

¿Debe seguir allí? ¿Ha de emprender el largo viaje a lo desconocido sólo? De su presente derrumbado no ha quedado nada. Ningún superviviente, ningún rehén. Sin embargo, aún no está todo perdido, seguirá esperando un poco más. Pero también, un poco menos.

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